Miguel Angel Luengo Tarrero

Eindhoven (Holanda)

Javier Feijóo

BADAJOZ

 

Hace ya mucho tiempo, siendo un chiquillo, fui con mis padres a un entierro en el pueblo de el Torno. Creo que el difunto era un familiar de mi padre, pero ya no me acuerdo quien era. Pues de ese día, de ese acto fúnebre, recuerdo algunas cosas, como la cara de aquel niño que se escondía tras la puerta de su casa cuando pasaba por allí la comitiva. Imaginándome algunas cosas más, así fue más o menos como sucedió:

Me ha gustado tanto tu poema, amigo MALT, que no he podido resistirme a la tentación de traducirlo al castellano para deleitarme con la musicalidad que adquiere al transformarlo en perfectos versos hexasílabos. Como ya te dije antes, me ha recordando tanto al "¡Qué tristes, qué solos se quedan los muertos!..." de Becquer (a quien tanto admiro)…

 

 RECUELDUH D'UNA TRIHTI TALDI EN EL TORNU

( Dedicau a Pablo, el torniegu)

Doblan campanah
y sopla un vientu
suavi y caliu
entri lah pareih,
pareih de piedra
y sin cementu
de la trihti cuehta
jacia'l cementeriu.

El sol ya máh baju
casí sin juerza,
alumbra la taldi
qu'ehtá cayendu.
lah campanah suenan
pol tou el pueblu
y a la sombra sentau
un jombri vieju
da via al pasau.

Canta loh grilluh
ladran loh perruh,
y gorrionih güelan
pol loh cerezuh.
Zumban abejah
baju lah parrah
d'aquella juerta
y s'ehcondi un niñu
detráh d'una puerta.

Doblan campanah,
doblan a duelu.
El pahtul en la sierra
mu trihti y seriu
contempla'l pueblu.
El labraul que labra
par'un momentu,
y presinándosi
mia pa'l cielu,
y el valli se vihti
de sombra y silenciu.

El cura andelanti
va bendiciendu.
Loh doh monagilluh
mu en silenciu
y endetráh la caja
a cuatru jombruh.
Mujerih abrazáh
y toah de negru
suhpiran y lloran
detráh del mueltu.

Doblan campanah
y entri lamentuh,
doblan a duelu.
Llora una madri,
un jiju, un jermanu
y cerrandu la fila
van loh ancianoh,
con tristeza en lah carah,
y el sombreru en lah manuh.

Autor: MALT.

RECUERDO DE UNA TRISTE TARDE EN EL TORNO

(Dedicado a Pablo, el torniego)

Doblan las campanas
y nos sopla un viento
muy suave y muy cálido
entre las paredes,
paredes de piedra
que sin su cemento,
por la triste cuesta
van al cementerio.

El sol, ya más bajo,
cae casi sin fuerza
y alumbra la tarde
que está ya cayendo;
las campanas cantan,
bailan por el pueblo;
en sombra sentado
un hombre muy viejo
da vida al pasado.

Y cantan los grillos,
y ladran los perros,
y gorriones vuelan
entre los cerezos.
Zumban las abejas
libando las parras
que sombrean las huertas;
y se esconde un niño
detrás de una puerta.

Doblan las campanas,
y doblan a duelo.
Pastores de sierra,
muy tristes, muy serios,
contemplan el pueblo.
El labrador labra,
y para un momento,
luego persignándose,
mirando hacia el cielo,
el valle se viste
de sombra y silencio.

El cura delante
le va bendiciendo.
Los dos monaguillos,
sin ruido, en silencio.
Y detrás la caja
sobre cuatro hombros.
Mujeres, se abrazan,
y todas de negro
suspiran y lloran...
van detrás del muerto.

Doblan las campanas,
y entre sus lamentos
van doblando a duelo.
Y llora una madre,
un hijo, un hermano.
Cerrando la fila
vienen los ancianos,
tristeza en las caras...
sombrero en las manos.


Versión: JAVIER FEIJÓO.

 

 

 

 Volver