Juan Antonio Gutiérrez Rodríguez
28 de agosto de 1984

NOSTALGIAS DE UNA QUERIDA TIERRA

Tu esplendor Augustóbriga
bajo el agua permanece,
los susurros de los peces
cuentan carreras de aurigas

De tus mansiones y termas,
de tus calzadas y foros,
de tus vivencias pasadas,
de tus dehesas y tus toros.

En tus canchales dormidos
los mastines ya no ladran
y las tórtolas no arrullan
ni gruñen las piaras.

En la poveda no se oyen
los cencerros de las vacas,
ni pasan por las frahuelas
los mozos con "albehaca".

Ya no se pisan las uvas
del Gambute, tan doradas,
ni se recoge el aceite
en los lagares de grada.

Las campanas no repican
ni se escucha la matraca.
La cigüeña no planea
por los mármoles y plazas.

En las eras de abajo
no se extienden las parvas,
no se usan biernos y cernajos,
no se aventean las granzas.

Los hombres en la siega, las moscas
con la boina no espantan.
Se acabaron los gazpachos
al terminar las pitanzas.

Se terminaron las siestas
a la sombra de la acacia
y el comerse los melones
y las sandías veratas.

No se oyen los carros
ni las mulas alazanas.
El molino ya no muele
el trigo ni la cebada.

No se celebran las bodas
con bandurrias y guitarras,
almireces y botellas
y ronda de madrugada.

No hay convites de madrina
ni baile de la manzana,
ni por la tarde el manubrio
sus pasodobles desgrana.

Ni el día de la tornaboda,
con la gente ya cansada,
se sacan de la alacena
los prestiños y floretas
ni las roscas anisadas.

No se oye la guitarra de Virgilio,
ni el laúd de Fernando,
ni el acordeón de Isaac,
ni el violín de Pablo.

Ya no se bebe en la bota
el vino de la pitarra
que se ha sacado ogaño
del fondo d la "tenaja"

Ya no balan las ovejas
ni retozan las cabras,
los chivos y los corderos
perdieron a sus majadas.

El pastor apoyado en la encina,
lo último del cuerno no escancia,
el carea no se lo mira
esperando su llamada.

En la fragua no se martillea
sobre los yunques de plata,
no se abuzan las rejas
para la otoñal arada.

En la vieja barbería
los viejos ya no se rapan,
las sillas están vacías
ya no existen las igualas.

Ni se ponen inyecciones
ni se venden cataplasmas,
ni se aplican sanguijuelas
"pa" los dolores del alma.

Se callaron las sierras,
ya no cortan las hachas,
los formones y azuhelas,
descansan.

El carpintero solloza
desde lo alto, y
en su pensamiento pasan
los reclinatorios que hacía
para las viejas beatas.

Los armarios "pa" las novias,
los botijeros "pa" el agua,
los yugos "pa" las mulas,
los bancos "pa" las casadas.

Ya no se cubren las yeguas,
ya no van a la parada,
los garañones no relinchan,
ni airean sus crines largas.

Por la Ruíza abajo
el cura tampoco pasa,
montado en su jaca torda,
la sotana remangando.

Ni el viejo que no se cansa
tras un burro con maquilas,
andando con albarcas.
Se ha detenido la vida.

Los novios en el ribero
sus amores ya no cantan.
Ni el hojalatero
los faroles estaña.

El alguacil no pregona
el cobro de las tasas
ni que el capador de El Puente
Viene a capar a las guarras.

Ya no se siembra el tabaco,
verde, de la Vega Baja,
en los "secaeros"
no se colgarán sus ramas.

Del algodón no florecen
sus bolas alcanforadas,
la noria está parada,
sus canjirones descansan.

No se comen las gamboas,
las nueces ni las castañas
cuando los Santos llegan
con las primeras heladas.

Ya no roncan las zambombas
de la Navidad pasada,
rotos están los cardahusos,
las pieles están ajadas.

Ya no vendrán lo reyes
con caballos y capas blancas
a traernos las peponas,
caramelos y naranjas.

El rollo está dormido,
están desiertas las lanchas,
ya no hay capeas en fiestas,
enhiestas están las hijadas.

No se jolivian los chotos,
no se jolivian las vacas
que bien entrada la noche
bajaban de la boyada.

Vacío está el taramero,
los gallos no cantan
sus kikirikis airosos
al sol de buena mañana.

Las carrascas consumidas
por el fuego de las llamas,
no calientan los pucheros
ni orean las matanzas.

Ya no se va a la escuela
con catones y pizarras,
los pizarrines no pintan
las letras que se juntaban.

No giran las repionas
de su cordel desliadas,
ya nos se tira al "calvo"
con sus tres patas plantadas.

Las peinetas y mantillas,
gargantillas y chambras,
los trajes de negra pana
se guardaron en el arca.

Los quintos no corren los gallos
ni las cintas bordadas
que les hacían sus novias
cuando al servicio marchaban.

Colgados están los trasmayos,
ya no se pescan las carpas,
ni la ilusión de algún día,
de coger un pez "changarra".

El cañar está roto,
la compuerta está bajada,
ya no suben las angulas
de formas redondeadas.

Se acabaron los baños
y nadar con calabazas
y navegar por el río
en una bonita barca.

No vuelan las perdices
que en el rastrojo anidaban,
ni corren las liebres
por los galgos acosadas.

Ya no se escoban las calles,
ni se enjalbegan las casas,
no se limpian albañales,
los panes no se amasan.

Se acabaron los tutes,
garrafinas y subastas,
gaseosas de bolindre
que los mozos se jugaban.

Ya no se compra el turrón
de cinco perras la libra
que por el Santo Patrón
el "tío Agustín" vendía.

Se acabaron los torreznos
que la abuela nos freía,
se acabaron las pringadas
que tan buen olor hacían.

Se acabaron los cuentos
Que Magdalena contaba,
Unos que ella sabía
Y otros que se inventaba.

El Tajo y el Gualija
en un abrazo se hermanan
y en un arco de herradura
por el camposanto pasan.

Tus cetrinos hijos se han marchado
A otros lugares y villas
pero nunca se olvidaron
de Talavera la Vieja "TALAVERILLA".

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