Julio Blázquez
Casa de Extremadura en

Getafe (Madrid)

DELIRIO

¿Recuerdas las adelfas del corral del abuelo?
Estoy seguro, padre,
las recuerdas cansinas,
como un arado cursi e indolente;
mejor que yo retienes
su mecer candoroso
que infectaba de piojos nuestros cráneos rapados.

La viruta sin sangre,
o con sangre ignorada,
saltaba entre las losas huyendo de la zuela;
lloraba su destierro de la carne materna.
El cuco repetía su cansino tormento
que sólo daba miedo a las almas más puras.

Los pesebres,
la paja,
aquel olor a heno,
aquel olor de estiércol que sana y purifica.
Lo recuerdas y llevas
grabado entre la estela
que el campo fue dejando prendida a tus adentros.

Recuerdas que yo araba
con una falsa yunta,
con un arado débil, precursor del olvido.
Sabes bien que mis surcos eran sólo arañazos
que escuecen, que se infectan...
pero nunca fecundan.

Yo recuerdo una infancia remullida de besos
con sabor a bellotas y a castañas asadas,
con olor a remuda planchada en la cocina,
con cobijo en tus brazos de mimbres amorosas.
Rememoro las horas
traduciendo las brasas,

el crepitar de leños generando fantasmas;
y siento la ceniza,
la pálida vidente de mudanzas de tiempo,
residuo de la fuerte encina mutilada.

Y me siento tan blanco...

tan muerto...
tan quemado...
como aquellos rescoldos de entregas y dehesa.
...................................................
¿Recuerdas las primeras y mimadas macetas?
Las llevas, madre, unidas a tu amor infinito;
como si germinaran de tus sueños azules
cuando bañabas ágil los retoños redondos.

Conservas la caldera,
el jabón recién hecho,
en las yemas melifluas de tus dedos de beso.

Recuerdas y acaricias
aquel trajín bordando
cojines de alegría,
de pan y chocolate.

Mantienes y te obstinas
en prolongar el canto
hoy en bañeras nuevas, ayer en palanganas;
hoy en juguetes caros,
ayer en juegos tibios,
en toscos muñecones de fantasía de corcho.

De pronto amaneciste... (Ahorcan a la fuerza)

convertida en viajera con billete sangrante:
Un Madrid sinuoso,
un niño de la mano,
otros niños más grandes solitos en el pueblo...

¡Cuidado con el pozo!
Doctora en mil transbordos
¡Preguntando se llega!
"Hágame usté el favor... Venimos de tan lejos...
¡Cómo cansa este pueblo
aunque una no haga nada...

No haga hada,
no haga maga,
no te vayas hada-maga-mama,
que luego nos apagan las luces
y, aunque yo nunca lloro, porque
ya soy un mozo... no te vayas
que luego... ¡Que bien lo pasamos,
qué contento!
No te vayas y ... vete... que el pueblo
está dormido ... que yo no lloro nunca...
(Porque ya soy un mozo)

¿Recuerdas madre cómo
se lamentaban las adelfas,
el corral, la viruta, los leños en la lumbre?

Mejor que yo te acuerdas:
las adelfas, geranios y
los días de fiesta
tenían un cristal triste y opaco...
pero tú les quitabas arena a las sandalias
para buscar rincones
donde llorar a solas.

Eres antigua,
vieja raza obstinada,
que, con pocas palabras,
graba refranes hondos,
sonríe brevemente,
sin esperar aplauso.

Hoy, lejos, tengo cerca
aquella falda a cuadros,
aquella tierra santa,
aquella frente blanca
de tus sueños de menta,
de tus sueños de nata(...)".

Sementera nr. 14 noviembre de 1994.