Juan Pedro Romero

Frankfurt (Alemania)

A LUIS CHAMIZO

Recostado en una peña
con la mirada perdida,
veo a lo lejos tendida
la silueta dormida
de tu querida Guareña.
Allá arriba veo un majuelo
lleno de peñas y rollos,
y más abajo un arroyo,
el arroyo Borrachuelo.
Siento la sustancia pura
de los versos que escribiste
de esa nuestra Extremadura;
comprendo lo que sentiste,
esa descripción tan bella
que de nuestra tierra hiciste
y los tiempos que viviste
de la Extremadura aquella.
El viento en la sierra sopla
y las jaras va moviendo,
de tu poesía va haciendo
composición de una copla.

Una alondra va volando
por la llanura extremeña,
y en el eco de una peña
tu nombre estaba sonando.

Una alondra va volando
por la llanura extremeña,
y en el eco de una peña
tu nombre estaba sonando.
Ya la tarde se aproxima,
y al contemplar la distancia,
se huele la suave fragancia
que proviene de la cima.
Miro aquel monte roqueño
y ese temporal que escampa,
al trasluz, la vieja estampa,
del bello campo extremeño.
Ruido de los cencerros,
balidos de las ovejas,
voces, sonidos y quejas
de pastores en los cerros.
La tarde se va cerrando
y las nubes se acumulan;
al moverse, se simulan,
figuras que van volando.
La noche ya se pronuncia,
la nubosidad aumenta,
y el primer trueno me anuncia
que comenzó la tormenta.
Ya cayó el primer granizo,
se oye en un cobertizo
el relinchar de unos potros,
y yo pienso, Luis Chamizo,
que aún estás entre nosotros

Sementera nr. 24-25 octubre de 1997.