Dionisio Martín Grados
L'Hospitalet (Barcelona)


TENGO QUE LLORAR


Tengo que llorar
¡porque te quiero!

Tengo que llorar
porque he sentido
en el fondo de mi alma
y alrededor de mi cuerpo
las iras del aguacero.

Un vendaval tormentoso...
con velocidad el viento
que no recuerdan los viejos,
ha venido a visitarte
con gran coraje y empeño,
para herirte en tus entrañas
y arrebatarte sin duelo
unos hijos que entregaron
toda su vida con celo,
pensando en el porvenir,
soñando con el progreso
que bendiga los confines
de nuestro suelo extremeño,
para que vivan tus hijos
con dignidad, y a cubierto
del cuanto el ser necesita
como humano, y por derecho.

Están ellos los papeles
de estampas de sufrimiento:
Gente que llora en la iglesia
por el familiar que ha muerto;
el que grita desolado
que se quedó con lo puesto...
contemplando el lodazal
que se tragó los enseres
a traición y con desdeño.

De nada sirvió el trabajo,
de nada valió el esfuerzo
que acumuló el patrimonio
de nuestro hermano extremeño:
se lo llevó sin piedad
el malévolo aguacero.
Vinieron a compartir
estas jornadas de duelo
las altas autoridades,
Presidente del Gobierno,
y de la Casa Real
Don Felipe de Borbón,
el Príncipe heredero.


Que todos sean bienvenidos,
yo les deseo, con respeto,
para vivir afligidos
el dolor de nuestro pueblo.
Me permito una licencia,
aunque no me la merezco:
en nombre de Extremadura,
de corazón, lo agradezco.

Mañana se marchará
cada individuo a su puesto,
quedándose en nuestra tierra
las cuitas y el desconsuelo.

Y yo lloro y me rebelo
porque no es esta la imagen
de Extremadura que quiero,
que tenga en mente la gente
y conozca el mundo entero.
¡Extremadura no es esto!

¡Extremadura; mi tierra!
Por ella lucho en silencio
divulgando su cultura,
orgulloso y altanero,
por donde quiera que piso;
y el sentimiento que llevo
en la más hondo del alma
transmitirlo yo pretendo
a todo el que a mí se acerca,
para que a ti, Extremadura,
te conozca y tenga afecto.

Sueño con Extremadura...
donde el amor sea un hecho;
donde se quiera la gente,
se respete al forastero,
se trabaje con orgullo
para ganarse el sustento,
aportando a Extremadura
del sudor puro y honesto,
ese granito de arena
que culmine el monumento
que merece aquel que siente
latir adentro del pecho
su corazón con un ritmo
noble y leal: de extremeño.

Y el sol resplandecerá
en la vega y en cerro;
en la fábrica, en la escuela,
en la ciudad y en el pueblo.


Y será mi Extremadura
así, como yo la quiero.
Viviendo con sus hermanas
españolas, por supuesto,
es fraternal convivencia,
con armonía y aprecio,
exhibiendo los tesoros
que posee desde hace tiempo.
Caminando hacia un futuro
venturoso y halagüeño,
que disfrutarán gozosos
sus hijos: los extremeños.
Y después...¡qué se presenten
los ministros del Gobierno!
Y gentes del todo el mundo:
Aquí les recibiremos
con alegría y amor,
no tengan duda de ello.


Admirarán complacidos
nuestras ciudades y pueblos;
nuestras dehesas y vegas,
ríos, gargantas, riachuelos...

A la hora de comer...
¡qué a mí me lo explique luego!
Carne exquisita y sabrosa
de cabrito o de cordero.
Para terminar, el postre
con un sabor sin igual;
de nuestras cabras: el queso.
Y ¡cómo no!... los jamones
y otros productos del cerdo
que devoró las bellotas
en nuestro campo extremeño.
Y los caldos de pitarra,
producidos con esmero
y un toque particular
y especial del bodeguero.

Mas... si canto tus delicias,
por que deseo y anhelo,
no se apartan de mi alma
ni el dolor, ni el devaneo,
ni el llanto de las sufridas
víctimas del aguacero.

Tengo que llorar... ¡no puedo
evitar que la tristeza
domine mis sentimientos!
!Extremadura: te quiero!

 

Sementera nr. 29-30 Diciembre 1998