ANASTASIO PAJUELO GALLARDO CAMPANARIO ( Badajoz)

 

La tristeza del vencido

La luna salió descalza
a vigilar los caminos,
con bufanda almidonada
y luces de llanto y trigo.

Con el miedo de las sombras
se metió entre los olivos
y un olivar plateado
mandó sus sombras al río.

-"Niño, deja de mirarme,
que esa canela de lirios
aprieta tarde mis sienes
en las luces del olvido".

-" No puedo, luna, tú sabes
que el ocaso es mi delirio,
y mi corazóbn se vuelve
con la plata dulce y frío".

Y la luna se marchó
con tristeza de mendigo
mientras un viento de luz
desnudaba los olivos.

 

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