ROSA MARÍA LENCERO

CACERES

GOTAS DE ACEITE EN EL CUENCO DE LA TIERRA

Hola, Malt, aqui te envío un poema sobre Extremadura, lo escribí hace unos quince años aproximadamente.
Aunque mi estilo ahora sea otro no por ello deja de emocinarme, ya que toca las entrañas de nuestra tierra extremeña. Espero que cuando lo leas te llegue el olor de nuestros campos y el sabor de los frutos de nuestra tierra, solo tienes que dejar volar tu imaginación.

I

También la palabra es una brasa
o una espada que puede cortar el fuego
y luego acariciar al musgo...
Así me dirijo a ti con voz
levantisca o sumisa,
girando hacia el dolor
o hacia el grito la cara.

Donas herencias que rebosan
el hueco de tu mano.
Hombres curtidos en sal de pena,
pordiosean, hijos de dioses,
harina de milagros.
Tienes la misma soledad.
Un hilo de sangre enhebrada
zurce el roto de tu historia.

Muele la lentitud del tiempo
la rueda sin freno del destino.
Sigues viva en germen de siembra.
El grano del pasado quiebra tu corteza,
espolvorea sobre tu cicatriz el olvido.

Quedamente susurra tu voz de playa.
Lentísima erosionas guijarros
siendo espuma seca.
Olas de arena, oráculos de agua.

Jóvenes de hermosos cuerpos
aprietan tu horizonte en abrazo,
extremeños de luna y sol uncidos
contemplan la armonía de tu rostro:
son el presente,
bulliciosos de entusiasmo.


No eres ya la furtiva ni rondas
huyendo de la cadena y su peso,
te levantas sosteniendo
el sueño a corazón abierto.
Extremadura te nombraron,
igual que la flor siempreviva
que prende la nieve en su pecho.
Rapsodas del llanto te llaman triste.
Roncos dolores hollan caminos de ceniza
y dejan descalza tu esperanza.

Dicen de ti que alejas pasos y sendas.
No quieren extrañar la prisa
en la demorada cadencia de tu ritmo
al son de tu cintura de cereza
y embriagas de noches insólitas
el fulgor de las estrellas.
Extraña, sí, extraña e intensa...

II

Inflamada de gozo y granito.
Henchida de milenarias raíces,
veloces naves surcan la historia...
Alcuza de arcilla antigua.
Nómada de falaz señorío,
dueña sin codicia
del árbol que forja el fruto:
el olivo.

Bonanza de tu cielo
en el ocre paisaje,
espejo donde la oliva

es ensueño de obrador,
telúrica crisálida,
bálsamo en la alcancía de Dios.

Invoco a tu olivo,
árbol ritual en el alcor
al llameante sol
que implora mimbre de umbría.
De nombre oscuro en los tiempos
horada fatigoso tu piel tierra:
hueso resistente a la pena
engastada en canchales
donde clarea la arena.

Olivo, dolmen austral.
Tronco doloroso, estrías de vidrio
donde resbala lluvia de siglos:
gotas de aceite en el cuenco de la tierra.

Yermos los campos sin tu sombra
en colinas de arenisca...
Sin el capricho rugoso de tu ceño
quebrando la danza del agua,
la sed alejaría al rocío.
Polvo en pétalos: flor amarga

Extremadura,
abandonas la vereda sin cuidado
a la escarcha del viento
en el frío de atardecida.
Una mágica belleza de aurora
tiembla en tu cabello.
Cubre con túnica de invierno
el pecho de paloma enamorada
el jazmín de la niebla...

De tanto existirte,
tierra profetisa,
sobre un oriente de hierbas y retamas,
sueñas humana la primavera.
Desbordas pureza verde.
Engendras aceitunas
bruñidas de plata
al amor del olivo
fértil en rama.

Taracea de campos,
piel trenzada en mosaico de color.
Fluye por ti vida cálida.
En la mejilla del futuro
serás abierta granada.

III

Madre tierra,
llena nuestras manos
con tu miel.
Sálvanos del granizo
de la ignorancia.
Reconcilia pasado con futuro
ahora que tu pulso es llamada
que rompe el abismo de la noche,
las quietas horas,
las lunas malas...

Tú besarás la luz
gozando otro nuevo día
donde te llamarán, Paraíso.

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